Por Verónica Mondragón
Cuando era niña, decidí que mi equipo de futbol sería las Chivas Rayadas de Guadalajara. En una familia americanista, eso era raro, ¿o no? Crecí viendo a Ramón Ramírez, a San Oswaldo Sánchez, lloraba cuando perdíamos y, según yo, sentía el Rojiblanco como nadie. Pero, curiosamente, por pena o para pasar desapercibida, no me ponía nunca la playera de mi equipo.
Sin embargo, algo se transformó en mí hace casi diez años, cuando se formalizó la Liga Mx Femenil, y entonces, comencé a sentir los colores de otra forma, a verme como una nueva aficionada y a entender a mi equipo de una forma completamente diferente (y sí, me compré mi jersey).
De un momento a otro, había dos Chivas, y yo empecé a tener dos equipos. Y eso me hizo replantearme la relación entre ambos. ¿Qué tanto Chivas femenil depende de la varonil? ¿Qué bueno y malo nos ha dejado esta relación a nosotras como aficionadas y a ellas como jugadoras? Y lo mismo para todos los equipos. Con la liga femenil cada semana se enfrentan 11 mujeres contra 11 mujeres. Pero también, 11 jugadoras contra los 11 jugadores de su versión varonil.
Al inicio de la liga, era común escuchar comparativos como “la Memo Ochoa femenil”, “la Omar Bravo” (incluso Marta, la jugadora brasileña, considerada la Más Grande de Todos los Tiempos, ha sido nombrada varias veces como “la Pelé con falda”).
Demos un ingenuo voto de confianza y supongamos que detrás de estos titulares no había mala fe, sino una realidad — que quizá es mucho más grave— la falta de referentes para nombrarlas a ellas sin relacionarlas al sexo opuesto.
Esta relación entre ellos y ellas es innegable, tan es así que cada equipo femenil hereda vicios y virtudes de su varonil.
Y el ejemplo más inmediato es el Club América, su femenil es uno de los equipos mejor posicionados y uno de los que más finales ha jugado, con siete: dos ganadas y cinco perdidas.
Las de Coapa están solo por debajo de Tigres, que ha competido en diez finales. Han traído a deportistas del extranjero, han roto récords de asistencia en el estadio Azteca, jugado contra el multipremiado Barça femenil en dos ocasiones, y siempre terminan el torneo en los primeros lugares.
Y sin embargo, para su afición esto no es suficiente: perder una final es fracasar, al igual que en el varonil ¿acaso no son estas ideologías heredadas que impregnan el espíritu de los equipos y que por lo tanto se contagian a las jugadoras?
También en el caso de Chivas varonil, que destaca por su afición a veces complaciente, al margen de la calidad de los resultados. En diversas ocasiones, en Chivas femenil, las opiniones de los aficionados no apuntan a su estilo de juego, sino a las características físicas de las jugadoras o señalan sus preferencias sexuales, o incluso las denostan por usar TikTok.
En Monterrey, la rivalidad con Tigres también está en la femenil. Al grado de que la afición llega a atacar a deportistas a pesar de los buenos resultados que hayan dado por el simple hecho de que se cambiaron al equipo rival. En Pumas, las porras homofóbicas hacia el equipo contrario ahora también se escuchan en el Universitario cuando ellas juegan.
Cruz Azul, femenil y varonil, siguen adaptándose a sus estadios, de los que quedan dudas si serán provisionales o definitivos.
A pesar de todo eso que se ha contagiado de una liga a otra, destaca el uso de espacios propios para ellas, desde vestuarios, hasta redes sociales exclusivas, apoyo de barras, y patrocinios, dando espacio a la consolidación de la liga fem y a la posibilidad de que se cierren las brechas entre los 18 clubes.
Y aun cuando hay quien sigue diciendo que “el futbol femenil no le interesa a nadie”, la final del Apertura 2025 tuvo un alcance de 12.8 millones de personas, tras una intensa disputa por los derechos de las transmisiones.
Pero hay que ser claras, no es suficiente. El acoso, las coberturas mediáticas escasas o denigrantes con: sexualización, críticas excesivas y violencia digital siguen siendo una constante.
Hacen falta espacios y una afición que replanteen visiones diferentes, conciliadoras, tal como lo ha sido la Barra Feminista Mx en defensa de jugadoras, árbitras y aficionadas desde hace años.
No es probable ignorar nuestra relación con la varonil, pero sí que podemos hacernos presentes y autonombrarnos a partir del sueño de que otro futbol y otras gradas son posibles.
Y es un trabajo de todos los días.
