Por Sonny Vazquez
Cuando inició la Liga MX Femenil en 2017, a pesar de ser un proyecto debutante, ya se podían reconocer ciertos nombres con trayectoria en el futbol de nuestro país, tanto por sus participaciones internacionales con la selección en distintas categorías “sub” y mayor, como en ligas universitarias. Apellidos como Ocampo, Rangel, entre otros, empezaron a resonar con el paso de los primeros torneos, sobre todo aquellos que nos hacían gritar con la emoción del gol.
Así, el nombre de Lizbeth Jacqueline Ovalle pronto comenzó a abrirse camino, o mejor dicho, a correr por la cancha y marcar la diferencia. Una jugadora que con dieciocho años debutó en la liga profesional mexicana con características que dieron a su equipo, Tigres de la UANL, solidez y seguridad. Esto se debe a que Ovalle mostraba un estilo de juego avasallante, lo que la llevó a posicionarse como una de las mejores de la Liga y como una pieza clave del equipo con más títulos en la competencia.
En su paso por ocho torneos con la misma escuadra, se ganó el apodo de la Maga, gracias a sus jugadas y técnicas mágicas: centros precisos, asistencias de fantasía, despliegue por ambas bandas, rapidez desequilibrante y goles extraordinarios en momentos de suma importancia (aquí una probadita). Indiscutiblemente, se consolidó como titular en Tigres y como referente de la Liga, al punto de que otros equipos sabían que sus cualidades podrían ser letales en cualquier momento.
Sin duda, Ovalle se convirtió en un deleite visual para el público aficionado, llegando a ser reconocida por la FIFA, que destacó uno de sus goles como el mejor de la Copa Mundial Sub-20 (Francia 2018), en el duelo contra Brasil.
Durante las últimas temporadas en la Liga MX Femenil, se desplegaron un sinfín de veces los rumores sobre su salida del club. Fuertemente se escuchó su posible llegada al FC Barcelona Femenino, equipo que lidera la primera división de España. Entre los comentarios de periodistas deportivos y la afición, se destacó que el traspaso de Jackie podría beneficiarle de sobre manera, al seguir creciendo profesionalmente, y obtener otro tipo de experiencias en ligas internacionales; sin embargo, se quedaron en eso, especulaciones.
Precisamente a inicios del torneo pasado, el mercado de fichajes reavivó el fuego de la salida de Ovalle, pero como en el cuento de “Pedrito y el lobo”, acostumbradas estábamos a que al final del día quedaría solo como un murmullo pasajero alrededor de la figura; con la diferencia de que esta vez se hizo mención del interés de la liga estadounidense (NWSL, por sus siglas en inglés) y varios medios lo daban por hecho.
Entre que era Chana o Juana, dimes y diretes, nuestra especialidad como generación de detectives virtuales se puso en marcha, ya que un traspaso similar se había dado este mismo año con Rebeca Bernal de Rayadas de Monterrey al Washington Spirit, por lo que no se veía difícil que el nuevo destino de una de las futbolistas más significativas fuese la liga del norte.
Para ponerle fin a nuestras noches sin poder conciliar el sueño, el 21 de agosto, se hizo oficial, (ahora sí), la adquisición de Lizbeth Jacqueline Ovalle, por parte del Orlando Pride con una cifra récord a nivel mundial: 1.5 millones de dólares; convirtiéndose en la primera jugadora mexicana en romper el mercado y superando la marca que hasta dicha fecha ostentaba la transferencia de Olivia Smith (Canadá) al Arsenal por 1.35 millones.
Convirtiéndose este, en un acontecimiento de talla internacional apareciendo en los periódicos deportivos de todo el mundo. Este hito demuestra la importancia y seriedad, y es ejemplo de la inversión que se está dando en los clubes femeniles en pro del desarrollo del deporte. Cabe mencionar que el Pride, incluyendo este traspaso, se ha embolsado dos de los fichajes más caros en la historia del futbol femenil (en 2024 lo hizo con Barbra Banda).
Hoy, la Maga, juega tacho a tacho con Marta Vieira da Silva, (figura referente del balompié), siendo un ejemplo para la niñez y sobre todo para las niñas que sueñan con jugar futbol de manera profesional.
A casi tres meses de su histórico traspaso, no tenemos duda del potencial de Ovalle en en este deporte, y aunque podemos imaginar todo lo que aún está por lograr en esta nueva etapa, hay algo que tenemos casi seguro y es que continuará destacando. Incluso, de forma reciente se nominó a su gol “Camaroncín” al Premio Marta de la FIFA, que destaca los goles más espectaculares del año a nivel mundial, compartiendo la terna con nombres como el de Marta (Orlando Pride), Mariona Caldentey (Olympique de Lyon), entre otras.
Las palabras pueden quedarse cortas, pero los números no, hoy sus estadísticas hablan de calidad futbolística, de su talento y por supuesto de su trabajo. Actualmente Jackie Ovalle se sitúa debajo de los reflectores de una de las mejores ligas del planeta para seguir rompiéndola con toda su magia y forjando su leyenda pase a pase.


